Stop

Escrito el 15/02/2024

I

Estoy jodida.

Estoy jodida hasta el punto de ir mirando por la calle el móvil y no poder comprobar si lo que pisé fue mierda u hojarasca, porque la rodilla no me gira hasta ese punto.

Camino. Lenta.

¿O acaso es el resto de peatones quienes van rápido? ¿A dónde corren? ¿Por qué tanta prisa?

Miro con envidia sus rodillas, unos engranajes perfectos que ellos mueven sin saber ni cómo. Yo tengo que concentrarme cada vez que levanto mi pierna izquierda para sentir el movimiento completo, hasta que el pie cae al suelo.

¡Ay, el cuerpo!

II

Hago rehabilitación con la incertidumbre de si visitaré el quirófano. Estiro, doblo y repito hasta el infinito, que se me acaba en una hora.

En la misma sala donde hago los ejercicios entra un señor muy elegante de unos cincuenta años, con el semblante fijo.

No serio, fijo.

Lo miro. En algún momento de su vida anterior al ictus ese hombre tuvo que ser un gran trabajador, un buen padre, un marido apuesto, un fiel amigo.

Hoy, al señor de semblante fijo no se le entiende cuando habla. Aunque aquí no viene a corregir su voz de ultratumba, a la rehabilitación viene a aprender a caminar.

¡Ay! Con cincuenta años y no sabe caminar.

III

Este side project ya no me cabe en la agenda tal y como lo concebí el pasado año. Como si el esfuerzo fuera un recurso finito (que lo es), toda la cantidad de la que dispongo en mi vida la focalizo en mejorar mi caminar renqueante.

Voy a detener estas reflexiones sobre la identidad, con las que te llevo acompañando desde hace casi seis meses.

¿Los motivos? Te traigo tres.

  • El primero, la obviedad de lo que aquí se deduce: mens sana in corpore sano.

  • El segundo. Un side project de este calibre no trata sólo de escribir, sino de saber sobre gestores de newsletters, sobre ventas, persuasión, fiscalidad, publicidad… Pues bien, ya sé cómo hacer muchas de esas cosas, y a quién preguntar o delegar otras. Ahora, el tiempo que tengo es tan, pero tan reducido, que lo único que puedo hacer es escribir cada vez que la vida me lo permite.

  • El tercero es el gran motivo: estoy cansada de esta presión autoimpuesta de tener que rendir no matter what.

La pausa de esta suscripción la he encontrado en el mismo lugar donde descubrí su arranque: en los libros de filosofía.

No ha sido una revelación.

Tampoco han sido unas lecturas que me vayan a cambiar la vida.

Es la simpleza de unir detalles. Estos (y otros) libros me han ayudado a recopilar aquello que yo ya, de forma inconsciente, rumiaba desde hace tiempo.

La experiencia en el mundo se confunde con la gestión corporativa de nuestro yo

Hoy en día todos nos hemos de “inventar nuestro propio trabajo”, hacer de nuestra vida una startup y abrazar la inestabilidad del mercado laboral como una oportunidad inspiradora. E. Espluga

Es decir, yo misma soy una empresaria empresa.

Una mujer muy de mi tiempo, una trabajadora ideal del capitalismo tardío.

El filósofo Eudald Espluga (me) describe así: entregada, creativa, workaholic, alegre, socialmente comprometida, autónoma, techie, sobrecualificada, cosmopolita, atrevida.

Y sí, lo soy, me identifico —para bien y para mal— con 9 de estos 10.

Las personas existimos como un proyecto de perfeccionamiento infinito, y el hecho de estar en el mundo se ha convertido en una forma de autoproducción constante. La vida biológica se redefine como una pura pulsion de rendimiento: ser (uno mismo) es optimizar(se).

E. Espluga

Eso cansa, mucho. Aunque el hastío va más allá de lo laboral.

Si queremos nuestra ocupación hasta el punto de haberla convertido en parte de nuestra identidad, será mucho más fácil que nos veamos expuestos a la fatiga, la ansiedad y la depresión: cualquier contratiempo laboral podrá ser interpretado como una falta personal, como un defecto de nuestras capacidades y de nuestra identidad en conjunto. E. Espluga.

Estoy cansada de querer controlarlo —de que quieran controlarlo— absolutamente todo, todo el rato.

Si salgo a correr, que cuántos kilómetros he hecho. Si voy a dormir, qué cuántas horas de sueño profundo. Si como una hamburguesa, que cuántas calorías consumo. Si voy al gimnasio, que cuántas calorías quemo. Si bebo agua, qué cuántos vasos me tomo.

¿Tú sabes cuánto pestañeas a la hora? —de 15 a 20 veces por minuto, dicen los que saben de esto—.

Pero este cansancio físico y mental no es sólo mío.

La sociedad del cansancio

Lo cuenta el filósofo Byung-Chul Han. Estamos obsesionados con la productividad, la eficiencia, sentimos una continua presión por el rendimiento…

Estamos atrapados en un sistema donde nos exprimimos a nosotros mismos, lo que nos deja completamente agotados y deprimidos.

"En la sociedad del rendimiento, el fracaso es un pecado, y el éxito se convierte en una obligación. El propio fracaso ha de convertirse en una forma de éxito.” B-C. Han.

IV

Disfruto mucho con este proyecto porque es un reto que me ayuda a seguir conociéndome, ¿para seguir mejorándome?

¿Quién soy?

Hoy, ahora, yo soy mi cuerpo.

Y sin embargo, hasta aquí he llegado.

Quiero tener tiempo para leer y seguir investigando.

Quiero seguir escribiendo.

Quiero hacer, hacer, hacer…

Quiero disfrutar.

Quiero ser.

Y quiero estar.

¿Permanecer?

P.D. No es un adiós, es un hastaluego. Porque no puedo apartarme de lo que me rodea, ni salir de mí, jamás me cansaré de experimentarlo, todo. Ahora, te pido una penúltima cosa y te doy otra.

  • ¿Qué es lo que más te ha gustado de esta experiencia? ¿Y lo que menos? Puedes responder a este mismo correo… si tienes tiempo, claro.

  • Gracias.

P.D. "En la sociedad del cansancio, la fatiga no se produce como resultado del trabajo. La fatiga surge de la excesiva libertad y la abundancia de posibilidades.”

¿Y tú, quién eres tú?

Me gusta escribir y me gusta que lo leas.

P.D. Actualización a 18/12/2024: Aún no me operé, pero puedo caminar sin tambalearme. Por eso he recuperado parte de ese tiempo, y por eso sigo por aquí, haciendo cosas... por el simple placer de hacerlas.

Espluga, E. (2022). No siguis tu mateix.

Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio.